En una sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas atravesada por la reconfiguración política en Venezuela, la Argentina expresó un respaldo explícito a las acciones de Estados Unidos que derivaron en la captura de Nicolás Maduro. El pronunciamiento fue realizado por el embajador argentino ante la ONU, Francisco Tropepi, quien destacó “la decisión y la determinación” del presidente estadounidense y de su gobierno en las medidas adoptadas en el país caribeño.

Durante su intervención, el representante argentino afirmó que Maduro es el líder del Cartel de los Soles, organización que el Gobierno argentino declaró terrorista en 2025, el mismo año en que incorporó también al Tren de Aragua al Registro Público de Personas y Entidades Vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento (RePET). Según la delegación argentina, ambas estructuras constituyen redes criminales de alcance transnacional con impacto directo en la seguridad regional.
El discurso subrayó que, desde la asunción del presidente Javier Milei, la Argentina mantuvo una posición “clara y consistente” frente a la situación venezolana. En ese marco, el país denunció de manera sistemática la falta de libertades, las violaciones a los derechos humanos y el deterioro institucional, y aseguró haber contribuido “con determinación y responsabilidad” a los esfuerzos internacionales orientados al retorno de la democracia en Venezuela.
En paralelo al respaldo político, la Argentina llevó un reclamo puntual al Consejo de Seguridad. El embajador solicitó que las autoridades encargadas de administrar la transición en Venezuela garanticen la inmediata liberación del ciudadano argentino Nahuel Gallo y su “pronto y seguro retorno” al país. El caso ya había generado gestiones diplomáticas y pronunciamientos en ámbitos regionales, y ahora fue elevado al máximo foro de seguridad internacional de la ONU.

Reacciones y contexto internacional
La captura de Maduro reordenó el tablero diplomático global. Mientras Estados Unidos y un grupo de países alineados celebraron el resultado de la operación como un punto de inflexión frente al chavismo, otros actores internacionales expresaron reparos y advirtieron sobre el riesgo de una escalada regional. Rusia y China cuestionaron la ofensiva estadounidense y reclamaron que cualquier transición se encuadre en el derecho internacional, mientras que organismos multilaterales insistieron en la necesidad de estabilidad y garantías humanitarias.
En América Latina, las reacciones fueron dispares. Gobiernos críticos del chavismo interpretaron la captura como una oportunidad para avanzar hacia un nuevo escenario político en Caracas, mientras que administraciones más cercanas al eje bolivariano denunciaron una injerencia externa. En ese contexto, la postura argentina buscó combinar un alineamiento claro con Washington con un mensaje centrado en derechos humanos y en la situación de ciudadanos extranjeros detenidos en Venezuela.
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