El operativo estadounidense en Venezuela, que terminó con la captura de Nicolás Maduro, abre una nueva ventana para China: no tanto para acelerar una ofensiva militar sobre Taiwán, sino para reforzar su narrativa contra Washington y endurecer sus reclamos territoriales en el Indo-Pacífico. Esa es la lectura de varios analistas, que advierten que el impacto más inmediato del episodio será político y comunicacional: China puede presentar el caso como prueba de que el “orden basado en reglas” que impulsa EE.UU. es, en los hechos, un orden condicionado por sus intereses.

Una oportunidad inesperada para la presión diplomática china
Según los especialistas consultados por Reuters, la audacia del golpe en Venezuela le entrega a Beijing un recurso que puede explotar con rapidez: señalar contradicciones en el discurso estadounidense sobre derecho internacional y soberanía. William Yang, analista del International Crisis Group, lo resumió como “munición barata” para futuros cruces con Washington, especialmente cuando EE.UU. critique acciones chinas en temas sensibles como Taiwán, el Mar del Sur de China o disputas en el Mar de China Oriental.
China ya empezó a marcar esa línea. Medios estatales endurecieron el tono y la agencia Xinhua calificó el ataque como un acto de “comportamiento hegemónico”, sosteniendo que el “orden internacional basado en reglas” que invoca EE.UU. sería, en realidad, un orden “depredador” centrado en intereses estadounidenses. En paralelo, Beijing condenó el operativo y pidió la liberación de Maduro y su esposa, detenidos en Nueva York a la espera de juicio.

Horas antes de la captura, Maduro había difundido imágenes de una reunión con una delegación china de alto nivel en Caracas, que incluía —según la misma agencia— al representante especial de China para asuntos de América Latina y el Caribe, Qiu Xiaoqi. Aun si el episodio no cambia el tablero militar en Asia, sí puede ser usado por Beijing para sostener que EE.UU. “castiga” a gobiernos y alianzas en su esfera de influencia, reforzando su crítica histórica a las intervenciones estadounidenses.
Taiwán y el Mar del Sur de China: dónde podría “endurecer” Beijing su postura
La tesis central de los analistas es que China podría aprovechar el precedente para fortalecer su postura en disputas territoriales y consolidar presión política sobre Taiwán y sobre islas en el Mar del Sur de China, una ruta crítica para el comercio global y escenario de tensiones con varios países del Sudeste Asiático.
La secuencia llega, además, cuando Taiwán atraviesa un pico de presión militar: Beijing acaba de realizar las maniobras “Justice Mission 2025”, las más extensas por cobertura de área hasta la fecha, con despliegues que Taipei y aliados interpretaron como un ensayo de cerco y bloqueo. Ese contexto le permite a China conectar dos mensajes: “Estados Unidos viola la soberanía ajena”, y “nosotros defendemos la integridad territorial”.

Pese a esa ventaja narrativa, los expertos citados no ven probable que Beijing use el caso Venezuela como disparador de una acción militar inmediata contra Taiwán. Shi Yinhong, profesor de la Universidad Renmin, planteó que el control de Taiwán depende más de capacidades militares en desarrollo pero aún insuficientes que de lo que haga Trump en otra región. En la misma línea, Neil Thomas, de Asia Society, señaló que China considera el tema Taiwán como un asunto interno, por lo que es menos probable que busque “justificar” una operación citando un precedente externo.
Desde Taipei, el legislador Wang Ting-yu rechazó la idea de que China pueda replicar el ejemplo estadounidense y sintetizó una frase que empezó a circular con fuerza: “China no es Estados Unidos, y Taiwán no es Venezuela”. La lectura es clara: Beijing mantiene hostilidad y presión constante, pero aún enfrentaría enormes costos y riesgos operativos si intentara una operación de fuerza a gran escala.

Donde sí aparece un efecto concreto es en el plano político. Lev Nachman, profesor de la Universidad Nacional de Taiwán, estimó que las acciones de Trump pueden fortalecer a futuro la narrativa de Xi Jinping para crear más justificación en caso de escalar contra Taiwán, aun si no se traduce en un ataque inmediato. Además, sugieren que el episodio podría empujar a Taipei a buscar más respaldo de la administración Trump, precisamente cuando la isla enfrenta maniobras chinas cada vez más disruptivas y normalizadas.
El punto de fondo es que, con Venezuela como telón de fondo, Beijing consigue algo que valora tanto como un despliegue militar: una historia global que le permite insistir en que EE.UU. predica reglas que no siempre aplica. Y en un escenario donde la presión sobre Taiwán se juega por capas —militar, económica, aérea, marítima y comunicacional— esa ventaja simbólica también cuenta.
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