Ejercicios militares en las Islas Malvinas. Crédito: BFSAI
El presidente Javier Milei volvió a colocar el foco en Malvinas al reafirmar que el reclamo soberano argentino “no es negociable”, pero al mismo tiempo reiteró una formulación que lo supedita al consentimiento de los habitantes de las islas. La frase, difundida a partir de una entrevista publicada el 29 de diciembre de 2025 por un medio británico, reactivó la discusión sobre el encuadre diplomático del tema. El planteo aparece asociado a la idea de que la restitución del territorio debería darse por negociación y cuando los isleños lo quieran, lo que en la práctica remite al argumento británico de la autodeterminación. En los extractos reproducidos por medios locales, Milei insistió en la “vía diplomática”, pero introdujo ese condicionante como elemento central del camino.
La declaración no llega aislada: ya en abril de 2025 Milei había utilizado un enfoque similar al sostener que los “malvinenses” algún día deberían “elegir” a la Argentina, una línea interpretada como un giro respecto de la tradición diplomática desde 1983. En paralelo, su gobierno también dejó trascender que busca recomponer puentes con Londres en distintos planos, en un clima bilateral que intenta bajar fricciones sin alterar el reclamo formal.
El nudo técnico es cómo se interpreta el marco ONU. La Resolución 2065 (XX) reconoce la existencia de una disputa de soberanía entre Argentina y Reino Unido y llama a negociar “teniendo en cuenta los intereses de la población” de las islas, un matiz que la Argentina usa para sostener que no corresponde aplicar la autodeterminación como “decisión de soberanía”.
Esa arquitectura se complementa con resoluciones posteriores que, además de instar al diálogo, piden evitar cambios unilaterales mientras el proceso de descolonización siga abierto. En ese encuadre, Buenos Aires suele objetar actos unilaterales en el área en disputa —incluidas medidas sobre recursos— por entender que tensionan el statu quo que la ONU busca preservar durante la negociación.
En clave política, el mensaje que Milei proyecta tiene doble lectura: hacia Londres, sugiere una aproximación más “pragmática” (menos confrontativa en lo discursivo), y hacia la audiencia interna reitera que el reclamo existe, pero bajo condiciones nuevas. El efecto es sensible porque el Reino Unido suele sostener su posición apoyándose en la “voluntad” de los isleños, mientras Argentina enfatiza el carácter de disputa bilateral de soberanía.
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