Una fila de aviones F-16 mejorados en la base aérea de Chiayi. Créditos: Ministerio de Defensa Nacional de Taiwán
Taiwán comenzará este mes los vuelos de prueba de sus nuevos cazas F-16V, un hito clave en el demorado programa de modernización de su fuerza aérea en el marco de la creciente presión militar de la República Popular China sobre la isla. El jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea taiwanesa, Lee Ching-jan, informó ante el Parlamento que 54 de los 66 F-16V encargados a Estados Unidos ya se encuentran en línea de producción, y que los ensayos en vuelo empezarán en diciembre, tras sucesivos retrasos vinculados principalmente a problemas de software y cuellos de botella industriales en EE.UU.
El contrato, aprobado por Washington en 2019 por un valor de unos 8.000 millones de dólares, prevé dotar a Taiwán de 66 F-16V Block 70/72, la versión más avanzada del emblemático caza de Lockheed Martin. Más allá de ello, cabe recordar que el gobierno de los Estados Unidos autorizó a mediados de noviembre la venta de un paquete logístico destinado al sostenimiento y mantenimiento de los cazas F-16 y AIDC F-CK-1, como también de los aviones de transporte C-130 Hércules. También desde Lockheed Martin, fabricante de los cazas, confirmaron que se encontraban trabajando a contrarreloj para acelerar la producción, que acumula varios meses de retrasos.
Pese a la importancia estratégica del programa, Taipéi ha señalado reiteradamente las demoras en la entrega de armamento estadounidense, en particular después de 2022, cuando la guerra en Ucrania tensó la base industrial de defensa de EE.UU. y se sumó el reabastecimiento a Israel. En el caso de los F-16V, la combinación de problemas de software, cuellos de botella en la cadena de suministro y alta demanda global del modelo obligó a reprogramar el cronograma de entrega, retrasando la llegada de los primeros aviones plenamente operativos.
Mientras tanto, China mantiene un patrón de presión militar sostenida: vuelos de cazas, bombarderos y drones alrededor de la isla, maniobras navales en el Estrecho de Taiwán y retórica cada vez más dura sobre una posible reunificación por la fuerza. Y es que, por este motivo, los F-16 son un eslabón central de la disuasión taiwanesa.
En términos operacionales, los F-16V encajan en una estrategia híbrida de Taiwán como plataforma de primera línea para interceptar incursiones aéreas y mantener la integridad del espacio aéreo, así también como un activo clave para operaciones en red, interoperando con radares terrestres, sistemas de defensa antiaérea y otros medios aéreos. Aunque el número total —66 nuevos aviones— no altera por sí solo la relación cuantitativa frente a la aviación china, sí refuerza la capacidad de negar el control total del espacio aéreo a Pekín.
Con los vuelos de prueba previstos para este mes y 54 aeronaves ya en producción, el programa entra en una fase crítica: la de pasar del papel y las líneas de montaje a la capacidad real en pista, en un momento en que el margen de error estratégico en el Estrecho de Taiwán es cada vez más estrecho. Una vez completadas las entregas, Taipéi contará con más de 200 F-16 en total, combinando aeronaves modernizadas y nuevas, lo que convertirá a esta flota en el núcleo duro de su defensa aérea.
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