China calificó de “fantasía absoluta” la versión de que Japón evalúa hundir su portaaviones más avanzado si Pekín ataca Taiwán. Pero detrás del cruce verbal hay algo más profundo: Tokio y Beijing están probando los límites de su disuasión mutua en un eventual conflicto por la isla. Según el diario japonés Sankei Shimbun, el gobierno nipón estaría evaluando que, en caso de una agresión china contra Taiwán, el portaaviones Fujian sea un “objetivo prioritario” para sus Fuerzas de Autodefensa.
El llamado de atención de Japón se inscribe en el giro de defensa del país de los últimos años, con más presupuesto militar, misiles de largo alcance y un discurso cada vez más explícito sobre Taiwán. La propia primera ministra Sanae Takaichi dijo el 7 de noviembre que un ataque chino contra la isla podría constituir una “situación de amenaza para la supervivencia” de Japón, habilitando el uso de la defensa colectiva en apoyo a un aliado.
A estas declaraciones, el Ministerio de Defensa chino reaccionó con dureza. El vocero Jiang Bin calificó el escenario dibujado por la prensa japonesa como “pura fantasía y una sobreestimación de sus propias capacidades”. En su conferencia de prensa, reivindicó al Fujian como símbolo del salto cualitativo de la Armada china, y aseguró que su capacidad de combate “será probada por los hechos”, además desestimó críticas a la performance del buque, como las del ex capitán de la Marina de EE.UU. Carl Schuster, que había dicho a CNN que el portaaviones solo tiene una capacidad operativa cercana al 60% de un Nimitz estadounidense y no podría combinar despegues y apontajes de manera simultánea.
El Fujian, presentado en 2022, es el mayor buque de guerra jamás construido por China y el tercero de su flota de portaaviones, tras el Liaoning y el Shandong. Lo que lo hace estratégico son sus catapultas electromagnéticas (EMALS), que le permiten lanzar aeronaves más pesadas y con mayor carga útil, acercándose al estándar de los portaaviones estadounidenses. Asimismo, es una plataforma de proyección regional que, en un escenario de crisis por Taiwán o en el Mar de China Oriental, un portaaviones así es clave para sostener operaciones aéreas lejos de la costa continental.
Precisamente por eso, planificadores japoneses y estadounidenses suelen pensar escenarios de alto impacto donde la destrucción de un activo emblemático pueda modificar el rumbo de una guerra, aun sabiendo que ese tipo de ataque implicaría una escalada mayor.
Pero el cruce por el Fujian se suma a una serie de tensiones crecientes, en las que Japón considera que la estabilidad en Taiwán es vital para sus líneas marítimas y su propia seguridad nacional. En paralelo, China sostiene que cualquier intervención japonesa sería una violación de su “integridad territorial” e incluye a Tokio en el marco de la “contención” impulsada por Estados Unidos.
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