LGM-30G Minuteman III. Créditos: military.com
La Fuerza Espacial de Estados Unidos realizará entre la noche del 4 y la madrugada del 5 de noviembre un lanzamiento operativo de un misil balístico intercontinental (ICBM) LGM-30G Minuteman III desde la base de Vandenberg, California, en el marco de un ejercicio de verificación de preparación estratégica. El test, anunciado por el Comando Global de Ataque de la Fuerza Aérea (AFGSC), se inscribe en el ciclo de ensayos rutinarios que Estados Unidos realiza cada año para comprobar la precisión, fiabilidad y capacidad de respuesta de su tríada nuclear.
El lanzamiento, que se efectuará entre las 23:01 y las 5:01 hora del Pacífico, se produce apenas días después de la orden presidencial de “reactivar aspectos suspendidos del programa de ensayos nucleares”, y en un contexto de creciente rivalidad estratégica con Rusia y China. Según fuentes del Pentágono citadas por Defense News Aerospace, la prueba busca “reafirmar la vigencia del disuasivo nuclear estadounidense y demostrar su operatividad bajo condiciones reales”.
La trayectoria prevista —de California al Atolón de Kwajalein, en el Pacífico— replica el corredor utilizado históricamente por los ICBM estadounidenses, y servirá para medir el comportamiento del vehículo de reentrada, los sistemas de guiado y las comunicaciones de lanzamiento. Más allá de su carácter técnico, el ensayo tiene una clara lectura geopolítica: se produce en paralelo a nuevas pruebas del sistema ruso Yars y a la expansión de la fuerza nuclear china, que desplegó recientemente ICBM DF-41 móviles en su disuasivo terrestre.
El LGM-30G Minuteman III, operativo desde la década de 1970, constituye el componente terrestre de la tríada nuclear de EE.UU., junto a los submarinos estratégicos clase Ohio y los bombarderos B-52 y B-2. Tiene un alcance de más de 9.600 km, propulsión de tres etapas de combustible sólido y una única cabeza de reentrada (RV) bajo la práctica actual del tratado New START, aunque posee capacidad técnica para múltiples ojivas MIRV.
El programa ha sido objeto de sucesivas modernizaciones desde 2015, aunque continuará operativo hasta su sustitución por el LGM-35A Sentinel, cuyo despliegue inicial está previsto para 2030. Y si bien el Pentágono insistió en que el lanzamiento forma parte de un calendario preestablecido y “no responde a ningún acontecimiento global específico”, su temporalidad lo convierte en un acto de disuasión visible.
La decisión de mantener la prueba tras el anuncio presidencial apunta a reforzar la credibilidad del disuasivo estadounidense, tanto frente a adversarios como ante sus aliados de la OTAN y del Indo-Pacífico. Fuentes militares señalaron que los datos obtenidos —trayectoria, guiado, tiempos de respuesta y rendimiento del vehículo de reentrada— serán incorporados a los sistemas de validación del arsenal estratégico, asegurando que el sistema “permanezca seguro, confiable y efectivo cada día”.
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