Trump sostuvo que Maduro está dispuesto a negociar / Créditos: archivo
La Administración Trump autorizó a la CIA a ejecutar operaciones encubiertas con potencial letal en Venezuela, en el marco de una estrategia integral para acelerar la salida de Nicolás Maduro. En paralelo, el Pentágono trabaja opciones escalatorias, incluyendo golpes dentro del territorio venezolano, con un despliegue regional que combina tropas, buques de superficie y un submarino en el Caribe. El giro instala un nuevo umbral de riesgo en la seguridad hemisférica y reconfigura el cuadro de disuasión alrededor de Caracas.
La autorización se instrumenta mediante un “presidential finding”, la figura que habilita a la comunidad de inteligencia a ejecutar acciones encubiertas fuera de los marcos habituales de operaciones militares abiertas. En la práctica, el mandato extiende el espectro de la CIA: desde operaciones de interdicción y sabotaje selectivo hasta acciones letales si se integran a un plan conjunto con las Fuerzas Armadas.
A diferencia de la cooperación tradicional en inteligencia y antinarcóticos, el nuevo paraguas legal permite intervención directa contra blancos del aparato estatal venezolano —siempre bajo la lógica de negación plausible y con control legislativo reservado en Washington.
De manera simultánea, EE.UU. consolidó presencia en el teatro marítimo caribeño: cerca de 10.000 efectivos con eje en Puerto Rico, ocho buques de superficie y un submarino, además de medios anfibios con infantes de Marina. El foco inmediato son interdicciones marítimas frente a costas venezolanas bajo narrativa antinarcóticos —ya con víctimas reportadas en embarcaciones—, mientras se planifican cursos de acción que van desde demostraciones de fuerza hasta golpes de precisión contra instalaciones de alto valor.
La coordinación CIA–DoD es central para fusionar inteligencia táctica (señales, vigilancia, drones) con capacidad de ataque en un entorno de guerra híbrida, donde el impacto psicológico y la parálisis del mando pueden valer tanto como los efectos cinéticos.
El vecindario inmediato queda expuesto a derrame de tensiones.
En todos los casos, la seguridad energética y marítima —rutas, puertos, refinerías— se vuelve activo crítico bajo vigilancia reforzada; aseguradoras y navieras ajustarán costos y coberturas si el teatro escala.
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