Trump y Milei, este martes en el marco de la Asamblea General de la ONU, en Nueva York. Foto: Al Drago (Reuters) | Vídeo: AP
En la previa del almuerzo de trabajo entre Javier Milei y Donald Trump en la Casa Blanca, el expresidente estadounidense lanzó un mensaje directo: “Argentina no debería hacer nada con China en materia militar”. La frase se inscribe en una semana en la que Washington endureció su retórica hacia Pekín y ajustó la agenda del propio encuentro Milei–Trump.
La tensión bilateral EE.UU.–China volvió a subir de tono luego de que el Departamento del Tesoro acusara a Pekín de “querer arrastrar al mundo a su recesión”, en el marco de controles a insumos críticos y disputas por cadenas de suministro tecnológico, un telón de fondo que condiciona los márgenes de maniobra de los socios de Washington en la región.
A último momento, la Casa Blanca suspendió la reunión privada en el Salón Oval y pasó la agenda a un almuerzo de trabajo entre ambos equipos, movimiento que no impidió mantener el tono de cooperación estratégica anunciado por las partes. El ajuste de formato fue comunicado a la prensa acreditada poco antes del ingreso a la sede presidencial.
Desde Washington, el mensaje operativo es doble: continuidad del alineamiento político y, a la vez, señales explícitas sobre los límites que la administración estadounidense pretende fijar frente a vínculos militares o tecnológicos sensibles con China por parte de terceros países, incluida la Argentina.
La advertencia pública de Trump funciona como marco de disuasión: delimita el perímetro de cooperación aceptable para Buenos Aires en áreas dual–use (civil y militar), cadenas de minerales críticos, telecomunicaciones y tecnología sensible. En términos geopolíticos, ordena prioridades: EE.UU. busca reducir la huella china en defensa y tecnologías estratégicas en el hemisferio occidental, mientras refuerza lazos con socios considerados afines.
Para la Argentina, el vector práctico pasa por evitar compromisos militares o industriales que puedan interpretarse como puentes tecnológicos hacia Pekín, manteniendo margen de cooperación económica diversificada, pero sin cruzar líneas rojas de seguridad que Washington considera sensibles.
En la agenda inmediata, Buenos Aires equilibra tres objetivos:
El desafío: sostener una relación madura con China en el plano comercial y de infraestructura sin derramar hacia cooperación militar o tecnológica estratégica que active costos con Washington. El contexto de la semana —Tesoro endureciendo el discurso, cambio en la agenda de la Casa Blanca y mensaje público de Trump— acota ese campo de juego.
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