En un mensaje público, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, denunció que Rusia lanzó un ataque nocturno masivo el 5 de octubre utilizando 549 sistemas de armas que incorporaban más de 102.000 componentes de origen extranjero. Zelenski responsabilizó a nueve países por no impedir que sus tecnologías, utilizadas en drones y misiles, caigan en manos de Moscú.
Según el mandatario, esos países son Estados Unidos, China, Taiwán, Reino Unido, Alemania, Suiza, Japón, Corea del Sur y los Países Bajos. En su relato, las empresas de estas naciones habrían suministrado microprocesadores, sensores, convertidores analógico-digitales y sistemas de cómputo que hacen operativos los misiles y drones rusos. Entre los sistemas señalados figuran los misiles Iskander y Kinzhal, que según Zelenski usarían tecnología estadounidense, mientras que drones incorporarían microcontroladores suizos y sistemas británicos de guía de vuelo.
En este sentido, el jefe de Estado afirmó que Ucrania ya presentó propuestas concretas para restringir esos canales de suministro, y que sus socios disponen de “información detallada sobre qué empresas y productos monitorear y cómo responder”. La acusación adquiere mayor gravedad porque coincide con una escalada de la ofensiva rusa: durante la noche del ataque se utilizaron casi 500 drones y más de 50 misiles, dirigidos especialmente contra la infraestructura energética ucraniana.
En Lviv, autoridades denunciaron que se trató del ataque más grave que sufrió esa zona desde el inicio de la guerra. El objetivo central de Rusia parece apuntar a dejar partes del país sin electricidad como medio de presión sobre la población.
La revelación de Zelensky obliga a replantear el papel que juegan las tecnologías civiles dual-uso —es decir, componentes que pueden tener aplicación tanto comercial como militar— en el conflicto. Aunque muchos países impusieron sanciones tecnológicas a Rusia, la evidencia sugiere que esas medidas no están cerrando completamente las rutas de abastecimiento. Ucrania propuso incluso conformar un grupo de monitoreo del G7 para vigilar la cadena de microchips que llegan al complejo militar ruso.
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