Doug Mills/The New York Times
El viceministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Ryabkov, reconoció este miércoles que el “fuerte impulso” para alcanzar un acuerdo de paz en Ucrania —originado tras la cumbre de agosto entre Donald Trump y Vladímir Putin en Anchorage, Alaska— se encuentra “ampliamente agotado”. Sus declaraciones confirman el enfriamiento de un proceso diplomático que el propio Trump había intentado reactivar mediante negociaciones directas entre Moscú y Kiev.
“El impulso creado en Anchorage hacia la consecución de acuerdos ha sido en gran medida anulado por los esfuerzos de nuestros oponentes, principalmente europeos”, afirmó Ryabkov, en una alusión directa a los países de la Unión Europea, a los que el Kremlin acusa de bloquear los avances en el diálogo.
La postura rusa se produce tras el rechazo de Putin a mantener negociaciones directas con Volodímir Zelenski, una instancia que Trump había respaldado abiertamente. El mandatario ucraniano había insistido en que solo aceptaría una reunión en “territorio neutral”, mientras continúan los bombardeos rusos sobre Ucrania.
La cumbre de Alaska, celebrada el 15 de agosto, fue presentada como un intento de reabrir canales de cooperación bilateral, pero terminó abruptamente sin acuerdos concretos. Según Bloomberg, el encuentro habría convencido a Putin de que podía intensificar los ataques aéreos sin temor a una respuesta directa de Washington, lo que minó el optimismo inicial del proceso.
Ryabkov también lamentó que Estados Unidos aún no haya respondido a la propuesta de Putin de extender por un año las limitaciones del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START), que expira en 2026. “Es una mano extendida. Si no están interesados, sabremos arreglárnoslas sin ello”, advirtió.
El START, firmado en 2010, sigue siendo el último acuerdo de control nuclear vigente entre ambas potencias. La falta de avances en su renovación incrementa las preocupaciones de los organismos internacionales sobre un retroceso en el equilibrio estratégico global.
Pese a su inicial impulso diplomático, Trump ha endurecido su discurso contra Rusia. En septiembre afirmó que Ucrania podría recuperar todos los territorios ocupados y calificó al Kremlin como un “tigre de papel”. Washington analiza además la entrega de misiles Tomahawk con un alcance de hasta 2.500 kilómetros, capaces de atacar objetivos en el interior de Rusia.
Putin advirtió que tal decisión marcaría una “nueva fase de escalada”, ya que permitiría a Kiev atacar los Urales e incluso partes de Siberia. Ryabkov añadió que semejante medida implicaría la “participación directa del personal estadounidense”, lo que podría destruir cualquier avance logrado en el frente diplomático.
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