Créditos: Matias Delacroix/AP
La escalada entre Washington y Caracas va en aumento, y parece no tener intenciones de detenerse. El gobierno de Venezuela acusó el 14 de septiembre a EE.UU. de haber triplicado en agosto su campaña de aviones espías en el Caribe, lo que, según el gabinete de Maduro, constituye una amenaza directa contra su soberanía y confirma que el país norteamericano utiliza la lucha antidrogas como pretexto para intensificar la presión militar en la región.
El ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, aseguró que EE.UU. no solo aumentó sus vuelos de inteligencia sobre el Caribe, sino que también modificó sus patrones al realizar incursiones nocturnas y de madrugada. Padrino López añadió que habrían detectado incluso aviones tanqueros que abastecen a aeronaves RC-135 capaces de recopilar información a más de 200 millas, es decir, dentro del territorio venezolano.
Desde Venezuela denunciaron además la presencia frecuente de aviones E-3 Sentry AWACS. En los términos de la administración de Maduro, Washington está decidido a querer sembrar un clima de guerra en la región. Simultáneamente, Caracas recordó que un destructor estadounidense retuvo por ocho horas a un buque atunero venezolano, incidente que alimenta la narrativa oficial de una agresión continua contra el país.
Como contraparte a lo que califica como un asedio militar, Nicolás Maduro lanzó la Operación Independencia 200, desplegando tropas, equipos pesados y milicias en 284 frentes de batalla, al tiempo que convocó a la Milicia Bolivariana a sumar filas en 312 unidades militares para recibir adiestramiento y prepararse frente a una supuesta invasión estadounidense. El discurso del gobierno venezolano se torna cada vez más duro con respecto al accionar de la Casa Blanca, coyuntura que podría aislar aún más a la nación sudamericana con respecto a sus vecinos regionales.
El despliegue coincide con el aumento de la presencia naval de EE.UU. en el Caribe, donde se concentran ocho buques y un submarino nuclear bajo la justificación de combatir el narcotráfico. Caracas insiste en que dicha medida confirma que Washington busca derrocar al gobierno. Las alusiones sobre Maduro como el líder del Cartel de los Soles y el ofrecimiento de 50 millones de dólares por su captura exponen que Washington está endureciendo su postura, y que la paciencia con el mandatario venezolano está próxima a agotarse.
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