Japan Ground Self Defense Force paratroopers line up to load onto a C-130J Super Hercules, assigned to the 374th Airlift Wing, during exercise Airborne 21 at Yokota Air Base, Japan, March 9, 2021. More than 500 JGSDF paratroopers performed a static-line jump at the Combined Arms Training Center Drop Zone Camp Fuji, Japan, making it the largest U.S-Japan personnel drop in the history of the two countries’ alliance. (U.S. Air Force photo by Staff Sgt. Gabrielle Spalding)
Crece la tensión en el Indo-Pacífico con el inicio de los ejercicios militares combinados Resolute Dragon entre Estados Unidos y Japón, un despliegue de dos semanas que incluye sistemas de misiles capaces de alcanzar el territorio continental chino. China reaccionó de inmediato, denunciando que la maniobra constituye “una amenaza sustancial a la seguridad estratégica” y advirtiendo sobre los riesgos para la estabilidad regional.
En este sentido, el ejercicio, que se realiza en la isla japonesa de Honshu y en las Islas del Suroeste —a menos de 120 kilómetros de Taiwán—, incorpora por primera vez en territorio japonés el sistema Typhon de alcance medio, capaz de disparar misiles SM-6 y Tomahawk con un alcance máximo de 1.600 kilómetros. Además, participan el sistema estadounidense NMESIS y los misiles Tipo 12 modernizados de Japón, con un rango de hasta 900 kilómetros, lo que refuerza una red de capacidades “en capas” para controlar rutas marítimas y proyectar poder desde tierra, según el Cuerpo de Marines estadounidense.
China condenó la iniciativa y reiteró su oposición a la presencia del Typhon en la región. “Estados Unidos y Japón deben respetar las preocupaciones de seguridad de otros países y abstenerse de introducir sistemas de misiles de alcance intermedio”, señaló el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Guo Jiakun. El malestar chino se suma a las tensiones derivadas del reciente desfile militar en Beijing, donde el Ejército Popular de Liberación exhibió sus últimos misiles con Xi Jinping acompañado por Vladímir Putin y Kim Jong Un.
El inicio de Resolute Dragon ocurre menos de 48 horas después de la primera conversación entre el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, y su homólogo chino, el almirante Dong Jun. Washington describió el intercambio como “franco y constructivo”, aunque dejó claro que “Estados Unidos tiene intereses vitales en Asia-Pacífico, el teatro prioritario, y protegerá resueltamente esos intereses”, en palabras del portavoz del Pentágono, Sean Parnell. Desde Beijing, Dong instó a su contraparte a respetar los “intereses fundamentales” de China, incluyendo Taiwán y el Mar de China Meridional.
Las maniobras también se desarrollan en paralelo a un mayor acercamiento diplomático. El secretario de Estado, Marco Rubio, habló esta semana con el canciller Wang Yi, y un grupo bipartidista de legisladores de la Cámara de Representantes planea viajar a China a finales de mes, en la primera visita de este tipo en más de seis años. Asimismo, se intensifican las expectativas de una posible cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump este otoño, en el marco de la reunión del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Corea del Sur.
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