Desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania en 2022, los países europeos que comparten frontera con Moscú han intensificado sus planes de defensa territorial. Finlandia construyó recientemente un muro en parte de sus 1.340 kilómetros de frontera, mientras que Polonia reforzó el límite con Rusia y Bielorrusia con campos minados dentro de su programa de infraestructura militar “Escudo del Este”.
Ahora, ambos países miembros de la OTAN buscan un enfoque no convencional: la restauración de turberas y humedales degradados. Estas superficies esponjosas e inundadas son prácticamente impenetrables para los tanques, convirtiéndose en un obstáculo natural para cualquier ofensiva terrestre.
Las discusiones entre ministerios de defensa y medio ambiente en Helsinki y Varsovia apuntan a desarrollar proyectos piloto que combinen seguridad nacional con beneficios ambientales. “La naturaleza es un aliado, y queremos aprovecharla”, expresó Cezary Tomczyk, secretario de Estado en el Ministerio de Defensa de Polonia.
El Centro de Turberas de Greifswald en Alemania propuso incluso que la Unión Europea cree un fondo de 500 millones de euros para financiar la rehidratación de 100.000 hectáreas de terreno. La idea es doble: generar corredores predecibles para el movimiento enemigo y proteger infraestructura crítica como rutas de transporte o instalaciones energéticas.
La estrategia encuentra un precedente en Ucrania. En marzo de 2022, las Fuerzas Armadas ucranianas volaron la represa de Kozarovychi e inundaron más de 2.800 hectáreas, lo que ralentizó el avance ruso hacia Kiev. Sin embargo, aquella medida tuvo costos ambientales y sociales significativos: daños a viviendas, liberación de contaminantes y propagación de especies invasoras.
Los especialistas advierten que una restauración planificada es distinta a una inundación rápida. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), un humedal recuperado puede tardar años en alcanzar equilibrio ecológico, pero sus beneficios para la biodiversidad y la captura de carbono son incuestionables.
En Finlandia existen zonas lógicas para rehidratar, como áreas forestales donde nunca prosperaron los árboles. Pero en muchos casos las tierras están en manos privadas o se han convertido en explotaciones agrícolas rentables, lo que plantea dilemas políticos y económicos.
En contraste, los países bálticos no han adoptado medidas similares. Expertos en Letonia y Estonia advierten que centrarse únicamente en la amenaza terrestre puede ser un error, dado que las amenazas más inmediatas incluyen la guerra híbrida en el mar Báltico y los ataques aéreos con drones, frente a los cuales carecen de defensas de largo alcance.
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