Los destructores de la clase Arleigh Burke USS Bainbridge (DDG 96) (frente), USS Forrest Sherman (DDG 98) (centro) y USS Roosevelt (DDG 80), transitan el Océano Atlántico en formación detrás del USS Mahan (DDG 72) durante un ejercicio de tránsito por estrechos el 20 de marzo de 2025.
La llegada de siete buques de guerra estadounidenses y un submarino nuclear al Caribe sur marcaron un punto crítico en la relación entre Estados Unidos y Venezuela. Según funcionarios norteamericanos, el despliegue, que incluye destructores, buques anfibios y aeronaves de vigilancia, forma parte de una operación destinada a combatir a los cárteles de la droga en América Latina. Sin embargo, la magnitud de la movilización supera ampliamente los despliegues regulares en la región y encendió las alarmas sobre una posible escalada militar.
En este sentido, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, reaccionó denunciando que su país se encuentra “amenazada por submarinos nucleares en violación de tratados internacionales” y calificó la operación como una maniobra de agresión. En respuesta, Caracas anunció el envío de 15.000 soldados a su frontera occidental con Colombia, además de reforzar la defensa costera con milicias civiles, drones y patrullajes marítimos. Maduro también apeló a un discurso de unidad nacional, convocando a la población a sumarse a la milicia como parte de lo que denominó la “defensa integral de la patria”.
La Casa Blanca, por su parte, sostuvo que el despliegue está orientado exclusivamente a combatir el narcotráfico, recordando que en febrero designó como “organizaciones terroristas globales” al Cartel de Sinaloa, al grupo venezolano Tren de Aragua y a otras redes criminales. “Muchos países del Caribe y de la región han aplaudido las operaciones y los esfuerzos del Gobierno contra las drogas”, afirmó la secretaria de prensa, Karoline Leavitt, destacando el respaldo internacional a la iniciativa.
Aun así, analistas consideran que el movimiento forma parte de una estrategia de presión política hacia el gobierno venezolano más que de una operación militar inminente. Algunos medios internacionales lo describieron como una maniobra de “diplomacia con cañones”, útil tanto para enviar un mensaje a Caracas como para reforzar la imagen de Donald Trump en el plano doméstico, en un contexto electoral donde la política exterior dura contra Venezuela le ofrece réditos entre votantes republicanos.
En línea con la escalada de tensiones en este conflicto, Maduro agradeció al presidente de Colombia, Gustavo Petro, por el despliegue de un total de 25.000 soldados en el Catatumbo y resaltó la “coordinación binacional” para reforzar la seguridad en la frontera colombo-venezolana y enfrentar al narcotráfico.
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