China advirtió a Estados Unidos por el aumento de su presencia militar en el Caribe, luego de que tres destructores y un escuadrón anfibio con 4.000 marines fueran enviados hacia Venezuela. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Mao Ning, afirmó que cualquier intervención extranjera viola la soberanía y la seguridad de los países latinoamericanos.
Durante la visita del embajador chino Lan Hu a Nicolás Maduro, ambos gobiernos destacaron los “avances notables” en proyectos conjuntos, reforzando la alianza estratégica que comenzó en la era de Hugo Chávez.
La Casa Blanca justificó el despliegue militar señalando que busca combatir los cárteles de la droga. La secretaria de prensa, Karoline Leavitt, calificó al gobierno de Maduro como “un cártel narcoterrorista” y elevó a 50 millones de dólares la recompensa por su captura.
Caracas respondió movilizando a 4,5 millones de miembros de la Milicia Bolivariana y ordenando la suspensión de vuelos de drones durante 30 días. Maduro acusó a Estados Unidos de pretender violar la soberanía venezolana y afirmó que “ningún imperio tocará el sagrado suelo de Venezuela”.
Desde 2007, China ha invertido más de 67.000 millones de dólares en Venezuela, convirtiéndose en su principal acreedor y en un socio clave para sostener al régimen de Maduro. Aunque las compras directas de crudo se redujeron en los últimos años, Pekín mantiene su respaldo diplomático y fue uno de los primeros países en reconocer la cuestionada reelección de Maduro.
A pesar de los impagos y la caída de la producción petrolera, China se ha mantenido como socio estratégico.
La intensificación militar estadounidense cerca de Venezuela generó respuestas diversas en la región. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, se pronunció contra la intervención y llamó al diálogo. En la misma línea, el presidente colombiano, Gustavo Petro, advirtió sobre los riesgos de una acción militar y alertó sobre las consecuencias para toda Sudamérica.
Brasil también expresó su preocupación. Celso Amorim, asesor del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, sostuvo que la no intervención sigue siendo un principio fundamental de la diplomacia brasileña. En contraste, aliados de Washington adoptaron posturas más duras: en Paraguay, el Senado declaró al Cártel de los Soles como organización terrorista, y en Ecuador, el presidente Daniel Noboa ordenó investigar vínculos entre cárteles venezolanos y bandas locales.
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