La decisión del presidente Donald Trump de imponer un arancel del 50 % a las importaciones de Brasil a partir del 1° de agosto no hizo más que acrecentar las tensiones diplomáticas y políticas entre ambos países, pero las señales del mercado y los pronósticos económicos apuntan a una capacidad de resistencia notable por parte de la economía brasileña. El trasfondo del conflicto incluye el juicio al expresidente Jair Bolsonaro y sanciones dirigidas al sistema judicial brasileño, una maniobra vista en Brasilia como una injerencia política directa.
En este sentido, las autoridades de Brasil minimizaron el impacto debido a las exenciones selectivas en sectores estratégicos como aeronaves, energía y jugos, que representan aproximadamente la mitad del valor exportado a EE. UU.; como resultado, solo alrededor del 36 % de las exportaciones estaría sujeto a la medida. Además, muchos productos afectados son commodities susceptibles de ser redirigidos con descuentos moderados hacia otros destinos.
La estructura comercial de Brasil ofrece un colchón adicional, ya que con solo un 12 % de las exportaciones destinadas a EE. UU. y un creciente vínculo con China, que absorbe casi un 28 %, el país presenta una diversificación poco común en América Latina. Esta dinámica tiende a reducir la vulnerabilidad frente a decisiones unilaterales, como la reciente de la política comercial estadounidense.
En el plano macroeconómico, los pronósticos son moderadamente optimistas. Estudios de XP, citados desde Reuters, redujeron el impacto en el PIB a solo 0,15 puntos porcentuales, y Goldman Sachs mantiene una tasa de crecimiento del 2,3 % en 2025, gracias a las exenciones —consideradas “notables”— y un paquete de apoyo estatal a sectores afectados.
Aun así, existen sectores más expuestos, y el Banco Central de Brasil mantiene una política monetaria restrictiva con la tasa de referencia en 15 %, señalando que los efectos macro aún son inciertos, pero los riesgos inflacionarios persisten si las tensiones comerciales se amplían. En particular, el Noreste del país, con exportaciones laboriosas de frutas, textiles y calzado, enfrenta impactos mayores si no recibe apoyo focalizado.
Desde la esfera política y diplomática, el presidente Lula criticó la presión de EE. UU. en la economía de Brasil, rechazando negociaciones directas con Trump y apostando a alianzas multilaterales —como su diálogo con el primer ministro Modi y acciones en la OMC— para defender la soberanía brasileña y ganar respaldo internacional.
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