Crédito: Oleg Kuleshov
La rivalidad estratégica entre Estados Unidos y Rusia alcanzó un nuevo punto crítico con la intensificación de maniobras vinculadas al despliegue de submarinos nucleares. En una secuencia de eventos marcada por declaraciones de alto voltaje y decisiones operativas de fuerte impacto, ambas potencias elevaron el tono de su disputa con movimientos que reconfiguran el equilibrio de la disuasión global.
En respuesta a recientes amenazas del expresidente ruso Dmitri Medvédev, quien sugirió la posibilidad de activar sistemas de represalia automática ante un eventual ataque occidental, Estados Unidos ordenó él redespliegue de dos submarinos nucleares clase Ohio en zonas estratégicas. La decisión fue comunicada por el presidente Donald Trump, quien advirtió sobre las “consecuencias no deseadas” que podrían derivarse de la escalada verbal.
Este movimiento busca enviar una señal clara de disuasión, pero ha generado fuertes críticas entre expertos en seguridad, quienes advierten que la exposición deliberada de estas plataformas compromete su principal ventaja: el sigilo. Al operar en áreas más previsibles, se reduce la incertidumbre estratégica que garantiza su eficacia como herramienta de segundo ataque.
En paralelo, Rusia avanza en la renovación de su flota de disuasión con la incorporación del submarino nuclear estratégico Kníaz Pozharski a la Flota del Norte. A ello se suma la activación del Arkhangelsk, un submarino de ataque clase Yasen-M con capacidad de lanzar misiles de crucero Kalibr, Oniks y Zircon, incluyendo versiones hipersónicas.
Ambos vectores fortalecen la capacidad rusa de proyectar poder desde el Ártico y consolidan su doctrina de disuasión basada en plataformas submarinas invisibles y móviles. Con más de 1.700 ojivas nucleares desplegadas, de las cuales más de 600 se encuentran a bordo de submarinos, Moscú mantiene una postura ofensiva dentro de los márgenes legales del tratado New START, cuyo vencimiento en 2026 abre la puerta a una expansión considerable del arsenal estratégico.
La redistribución simultánea de unidades nucleares por parte de Estados Unidos y Rusia activa las alarmas sobre un posible deterioro del frágil equilibrio estratégico que ha regido desde la Guerra Fría. Analistas advierten que la conjugación de amenazas públicas, maniobras visibles y modernización acelerada puede derivar en malentendidos operativos con consecuencias impredecibles.
El posible desarme del tratado New START dejaría sin mecanismos de verificación y control a las dos principales potencias nucleares del mundo, habilitando una carrera armamentista más agresiva, donde el mar y el hielo del Ártico se conviertan en escenario central de esta nueva confrontación.
La escalada de amenazas nucleares entre Rusia y Estados Unidos no se limita a la retórica. Con el despliegue activo de submarinos estratégicos, el tablero de disuasión global atraviesa un momento de extrema tensión.
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