[Shamil Zhumatov/AFP]
Siria y Rusia acordaron revisar y fortalecer su relación bilateral en el contexto de un nuevo escenario político, tras el derrocamiento de Bashar al‑Assad, que trajo incertidumbre sobre el futuro de las bases militares Tartus y Hmeimim. El ministro sirio de Exteriores, Asaad al‑Shaibani, visitó Moscú y transmitió interés en mantener a Rusia como socio clave en la reconstrucción postconflicto. Por su parte, el canciller Sergei Lavrov reiteró la disposición a reevaluar acuerdos heredados del régimen anterior, destacando que el apoyo ruso “no depende de la situación política ni de cambios de gobierno”.
En este sentido, la presencia militar rusa en Siria, concentrada en las bases naval de Tartus y aérea de Hmeimim en la costa mediterránea, viene siendo objeto de intenso debate desde que el nuevo gobierno liderado por Ahmed al‑Sharaa asumió el poder. Aunque los contratos existentes fueron firmados por el régimen de Assad y garantizan arrendamientos hasta 2066 o de duración indefinida, las autoridades sirias manifestaron su intención de renegociar los términos para asegurar que realmente beneficien al pueblo sirio.
Durante su estancia en Moscú, al‑Shaibani afirmó, citado desde The Moscow Times: “Estamos interesados en tener a Rusia a nuestro lado”, subrayando la apuesta por estabilidad política y apoyo diplomático frente a sanciones internacionales o amenazas regionales. Los representantes sirios reafirmaron que el diálogo con Moscú incluye la creación de comités conjuntos destinados a reexaminar los acuerdos firmados durante la era Assad.
Desde el lado ruso, Lavrov elogió la disposición siria para proteger la seguridad de los ciudadanos y las instalaciones rusas en territorio sirio. Estas negociaciones revisten una importancia estratégica global, ya que Tartus y Hmeimim representan los únicos puestos militares oficiales rusos fuera de la antigua URSS. A pesar de la caída del régimen de Assad y la evacuación parcial de tropas y equipamiento en diciembre de 2024, Rusia mantiene una presencia reducida, pero firme, clave para proyectar poder en el Mediterráneo, Medio Oriente y África.
El nuevo gobierno sirio también enfrenta fuertes presiones internas, con una necesidad de legitimidad internacional, apoyo económico para la reconstrucción y estabilidad política. Mantener alianzas como la de Rusia y negociar compensaciones o beneficios en el marco de los contratos firmados por el régimen anterior son prioridades emergentes para evitar el aislamiento.
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