El Ejército de Israel evalúa que los logros militares obtenidos contra Hezbolá desde el alto el fuego de noviembre podrían allanar el camino hacia una desmilitarización completa del grupo en territorio libanés. Desde entonces, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han mantenido presencia permanente en cinco puntos estratégicos dentro del sur del Líbano, donde se han desplegado tanto medios terrestres como capacidad aérea de precisión.
Como resultado, se estima que al menos 230 combatientes fueron eliminados, junto con más de 90 lanzadores de cohetes y miles de proyectiles. También se reporta la destrucción de 20 centros de mando, 40 depósitos de armas y cinco fábricas dedicadas a la producción militar. En paralelo, Israel ha llevado a cabo cientos de incursiones terrestres dirigidas a neutralizar estructuras logísticas y comandos tácticos del grupo chiita.
El ejército israelí considera que los efectos de la campaña militar han reducido considerablemente la fuerza operativa de Hezbolá. De los aproximadamente 25.000 combatientes que integrarían sus filas, se calcula que entre 4.000 y 5.000 habrían muerto en combate, mientras que unos 9.000 más habrían sido neutralizados o gravemente heridos, dejándolos fuera de acción.
Además, las FDI estiman que entre el 70 % y el 80 % de la capacidad de fuego de Hezbolá ha sido destruida desde la reanudación de operaciones en noviembre, lo que representaría una degradación sin precedentes en el poder de fuego del grupo respaldado por Irán. Esta cifra incluiría tanto proyectiles de corto alcance como armamento más sofisticado almacenado en puntos estratégicos del sur libanés.
El comandante del frente norte israelí, general Ori Gordin, sostuvo que la situación actual en la frontera con Líbano es “la mejor en décadas”, gracias al impacto acumulado de las operaciones ofensivas. Según Gordin, no existe una amenaza inmediata para las comunidades israelíes ubicadas en la zona fronteriza, lo que ha permitido, al menos de momento, reducir el nivel de alerta en algunos asentamientos civiles.
Las FDI mantienen una doctrina de disuasión activa, que incluye vigilancia constante y respuestas inmediatas ante cualquier movimiento sospechoso. Este cambio estratégico busca prevenir una escalada futura y consolidar las condiciones para una desmilitarización más amplia del sur del Líbano.
Aunque no existe confirmación oficial por parte del gobierno libanés ni de Hezbolá sobre los daños reportados, el escenario actual representa un punto de inflexión en el prolongado conflicto entre ambos actores, con implicancias tanto regionales como en el equilibrio de poder en Medio Oriente.
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