Créditos: UNRWA/Tamer Hamam
En medio del bloqueo impuesto por Israel, la población de Gaza enfrenta una creciente emergencia humanitaria agravada por la destrucción del sector de la pesca, antes una fuente clave de alimento e ingresos. Con temperaturas que superan los 37°C, miles de personas buscan alivio en el mar, pero incluso entrar al agua ha sido prohibido bajo amenaza de muerte. La pesca costera, ya limitada antes del conflicto, ha colapsado por completo debido a ataques a embarcaciones, puertos y estanques, dejando a Gaza sin acceso a su última fuente natural de sustento.
Lo que antes fue un pilar económico y nutricional para la Franja de Gaza, hoy es una zona de muerte. Desde el inicio del conflicto, decenas de pescadores han sido asesinados por disparos de la armada israelí, muchos de ellos a escasos metros de la costa. El ejército de Israel ya advirtió que cualquier persona que ingrese al mar lo hace bajo riesgo de muerte. Esta política ha hecho imposible no solo la pesca, sino también actividades básicas como bañarse, lavar ropa o intentar escapar del calor sofocante.
El colapso del sector pesquero no solo implica pérdidas económicas por 17,5 millones de dólares y una caída drástica del 92,7% en ingresos diarios, sino que profundiza la crisis humanitaria en un enclave donde la ayuda alimentaria ya no alcanza. El precio del pescado ha alcanzado niveles inasequibles, mientras el número de embarcaciones activas y estanques operativos se reduce a cero. Organizaciones como Gisha denuncian que esta estrategia forma parte de una política de bloqueo sistemático que apunta a desmantelar cualquier forma de autonomía alimentaria en Gaza.
Así como la pesca fue históricamente un pilar de subsistencia en Gaza, la educación representa hoy una de las pocas herramientas que la juventud conserva para imaginar un futuro más allá del bloqueo. A pesar de la destrucción de más del 95 % de la infraestructura educativa y el uso de escuelas como refugios para desplazados, alrededor de 1.500 estudiantes palestinos comenzaron recientemente a rendir sus exámenes de fin de ciclo secundario, de manera virtual, con apoyo del Ministerio de Educación local.
Con apoyo limitado de docentes que reabren aulas destruidas y guían a los alumnos paso a paso, el proceso simboliza el compromiso de la sociedad civil con la continuidad educativa, aun bajo ataque. En un contexto donde el mar se ha convertido en zona de muerte, y el acceso a alimentos y agua es precario, mantener el acceso al conocimiento se vuelve un gesto esencial de dignidad frente a una crisis humanitaria sin precedentes.
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