Créditos: Eraldo Peres/AP
La aprobación del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva registró un leve repunte tras la reciente amenaza del presidente estadounidense Donald Trump de imponer aranceles a las exportaciones provenientes de Brasil. Según una encuesta de Quaest publicada el 16 de julio, el respaldo a Lula aumentó un punto porcentual, alcanzando el 54% a nivel nacional. El sondeo sugiere que la postura confrontativa de Trump, lejos de debilitar al mandatario brasileño, podría haber reforzado su imagen frente a un electorado que percibe la defensa del comercio exterior como una cuestión de soberanía nacional.
La encuesta de Quaest, difundida el 16 de julio, muestra que el presidente Lula experimentó una mejora leve pero significativa en su aprobación, pasando del 53% al 54% en un mes. Este aumento se produce pocos días después de que Donald Trump, en un giro agresivo de política exterior, amenazara con imponer aranceles a productos brasileños, en respuesta al proceso judicial que enfrenta su aliado ideológico Jair Bolsonaro.
La respuesta del gobierno brasileño fue mesurada pero firme, apelando al diálogo diplomático y reafirmando el compromiso del país con reglas multilaterales. Sin embargo, el impacto político ha sido inmediato: el repunte de Lula sugiere que el electorado brasileño percibe positivamente su defensa de los intereses nacionales frente a presiones externas. La amenaza estadounidense, en lugar de debilitar al mandatario, parece haberle ofrecido una oportunidad para consolidar su imagen como líder independiente en un escenario global cada vez más polarizado.
La Casa Blanca anunció recientemente el inicio de una investigación formal contra Brasil por presuntas prácticas comerciales desleales, marcando una nueva escalada en el conflicto entre ambos países. La medida, impulsada por el presidente Trump a través de la Sección 301 del Trade Act de 1974, pone bajo la lupa asuntos clave como los aranceles preferenciales de Brasil, el acceso al mercado de etanol, la deforestación ilegal y el tratamiento a empresas tecnológicas estadounidenses. En este caso, llama la atención que EE.UU. mantiene un superávit de 6.800 millones de dólares con Brasil, lo que sugiere motivaciones políticas detrás de la ofensiva.
El detonante inmediato fue el juicio contra Jair Bolsonaro, el expresidente brasileño aliado de Trump, acusado de intentar revertir los resultados de las elecciones de 2022. Trump acusa a Lula de llevar adelante una “cacería de brujas” y justificó sus amenazas arancelarias como respuesta a supuestas violaciones a la libertad de expresión y ataques al sistema electoral. Lula, por su parte, advirtió que Brasil podría imponer aranceles de represalia y anunció que llevará el caso ante la Organización Mundial del Comercio. Además, aprovechó el conflicto para fortalecer su liderazgo regional, al mencionar que tratará el tema en el marco del bloque BRICS, que actualmente preside.
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Con los aranceles, Trump perjudica a exportadores que mayoritariamente apoyaban a la derecha en Brasil. Además Trump confunde el Poder Judicial de Brasil (independiente), con el de EEUU (que es una secretaria del poder ejecutivo). El ataque comercial a Brasil, más que mejorar la imagen del actual presidente, ha destrozado la derecha que podria enfrentar a Lula en las próximas elecciones.