Analistas llaman a observar la actitud de Kim Jong-un hacia su hija en el próximo Congreso del Partido del Trabajo de Corea, prevista para fines de febrero / Créditos: KCNA-Reuters
Corea del Norte, Estados Unidos, negociaciones, sanciones y China resurgen en la agenda geopolítica tras señales de que Pyongyang estaría dispuesto a retomar el diálogo con Washington. En su regreso a la presidencia, Donald Trump podría encontrar en el régimen de Kim Jong Un una oportunidad para lograr un éxito diplomático en Asia, mientras el líder norcoreano busca diversificar sus alianzas económicas y estratégicas ante la fragilidad de sus vínculos con Rusia y su histórica desconfianza hacia China.
Durante su primer mandato, Trump intentó sin éxito alcanzar un acuerdo con Corea del Norte. La cumbre de Hanoi en 2019 puso sobre la mesa la posibilidad de un acuerdo significativo: el desmantelamiento parcial de las instalaciones nucleares norcoreanas a cambio del levantamiento de sanciones por parte del Consejo de Seguridad de la ONU. Aunque Pyongyang aceptaba clausurar el complejo nuclear de Yongbyon, Washington exigía incluir otras instalaciones secretas de enriquecimiento de uranio, lo que llevó al colapso de las negociaciones.
Sin embargo, el panorama actual es muy distinto. Corea del Norte ha fortalecido su arsenal nuclear, incluido el misil intercontinental Hwasong-19, y ha ingresado en una alianza militar formal con Rusia, enviando tropas a Ucrania a cambio de apoyo financiero. Mientras tanto, el régimen también ha recibido ayuda constante de China, que ahora valora a su vecino como un colchón geoestratégico frente a EE.UU. Paradójicamente, este fortalecimiento podría facilitar una nueva ronda de negociaciones si Trump ve en ello una oportunidad política, y Kim, un medio para aliviar sanciones sin renunciar completamente a su poder nuclear.
Aunque EE.UU. tiene ahora menos poder de presión, un acuerdo limitado aún sería factible. Pyongyang ha dado señales claras de estar dispuesto a negociar desde el regreso de Trump al poder. Internamente, el régimen reconoce que su lucrativo comercio de municiones con Rusia podría extinguirse con el fin de la guerra en Ucrania, y que su economía sigue dependiendo de ayuda externa. Volver al esquema de Hanoi podría significar recuperar acceso al mercado internacional, recibir ayuda surcoreana o incluso retomar conversaciones económicas con Japón.
Desde una lógica pragmática, Kim podría ver en Trump su última ventana de oportunidad antes de un nuevo giro político en Washington. Un acuerdo similar al planteado en la primera administración de Trump no implicaría una desnuclearización total, pero sí limitaría la capacidad de Corea del Norte para producir nuevos dispositivos, frenando su desarrollo tecnológico. Además, le permitiría ganar autonomía económica y reducir su dependencia de potencias como China, cuyo peso sobre la política interna norcoreana siempre ha sido visto con recelo.
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