Créditos: Yasuo Osakabe/Oficina de Asuntos Públicos de la 374.ª Ala de Transporte Aéreo
Cuando se anunció que EE.UU. había bombardeado instalaciones nucleares en Irán, cientos de veteranos de las guerras de Irak y Afganistán sintieron una mezcla de familiaridad y preocupación. Para muchos de ellos, los ecos del pasado resonaron con fuerza: propaganda, decisiones unilaterales, ausencia de debate público y, al final, décadas de guerra con un alto costo humano y vertiginoso incremento de riesgo. Si bien algunos justifican los ataques por el rol de Irán en los atentados que dejaron secuelas físicas y emocionales en sus compañeros de armas, la mayoría expresó inquietud ante la posibilidad de que este sea el inicio de una nueva espiral bélica en Medio Oriente y subsecuentemente.
El reciente ataque ordenado por el presidente Trump contra instalaciones nucleares iraníes ha provocado reacciones encontradas entre quienes combatieron en las guerras iniciadas tras los atentados de 2001. Veteranos de todas las ramas militares han manifestado una creciente inquietud por la posibilidad de que Washington repita el ciclo de intervención sin salida clara. Aunque muchos de estos excombatientes comparten la convicción de que Irán no debe adquirir capacidad nuclear, cuestionan la estrategia adoptada y, sobre todo, la falta de debate institucional previo.
Organizaciones como Concerned Veterans for America han criticado públicamente que se hayan tomado medidas sin la debida autorización del Congreso. Mientras algunos legisladores veteranos justifican el ataque como una maniobra quirúrgica exitosa, otros advierten sobre el peligro de confiar únicamente en la fuerza militar como vía para alcanzar la paz. Si bien existe un alivio por la falta de escalada inmediata o de tropas estadounidenses desplegadas sobre el terreno, muchos veteranos advierten que la sociedad se ha vuelto insensible al verdadero costo de recurrir al uso de la fuerza militar.
Aunque el presidente Trump minimizó el alcance de la represalia iraní al calificar el ataque con misiles al centro aéreo de Al Udeid en Qatar como una “respuesta débil”, los riesgos de una escalada persisten. Irán dejó claro que mantiene todas las opciones abiertas, incluidas nuevas ofensivas contra bases militares estadounidenses en Medio Oriente, sabotajes a infraestructuras energéticas aliadas, y la posibilidad de cerrar el estrecho de Ormuz. Al mismo tiempo, el Departamento de Estado de EE.UU. ya ordenó la evacuación de personal no esencial de sus misiones diplomáticas en Irak y Líbano
A su vez, crece la preocupación por una posible campaña de represalias asimétricas. Las autoridades estadounidenses advierten que Irán podría activar células durmientes o grupos de apoyo para lanzar ciberataques, operaciones encubiertas y actos de terrorismo en suelo estadounidense o en instalaciones diplomáticas. Además, la posibilidad de que milicias como los hutíes en Yemen reanuden ofensivas en el mar Rojo contra buques comerciales o militares refuerza la idea de que el campo de batalla podría expandirse sin necesidad de tropas en tierra.
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