La Armada de EE. UU. se entrena para enfrentar tácticas asimétricas como las que utilizó Ucrania contra la flota rusa

La Armada de Estados Unidos intensificó recientemente su preparación frente a amenazas asimétricas, inspirada en las lecciones de la guerra en Ucrania. A través de la Fuerza de Tareas 66, creada en 2023, se están desarrollando ejercicios diseñados para que buques de guerra estadounidenses enfrenten ataques simulados con drones navales, similares a los que Ucrania empleó con éxito contra la Flota rusa del Mar Negro.

Estas prácticas reflejan un cambio estratégico: en el entorno naval actual, un destructor puede verse repentinamente acosado por embarcaciones no tripuladas, pequeñas, rápidas y armadas, capaces de infligir daños críticos.

Durante las Operaciones Bálticas 2025, se utilizaron drones de superficie como el Global Autonomous Reconnaissance Craft, fabricado por BlackSea Technologies, para simular embestidas rápidas y coordinadas contra buques estadounidenses como el USS Mount Whitney y el USS Paul Ignatius.

Los ejercicios no involucraron fuego real, pero sí pusieron a prueba la reacción de las tripulaciones frente a amenazas difíciles de detectar y capaces de explotar vulnerabilidades logísticas y estructurales. El contralmirante Michael Mattis, líder del grupo, destacó que estas prácticas buscan introducir a los marineros en un entorno de combate no convencional, donde no existe una táctica única sino una combinación dinámica de medidas defensivas y ofensivas.

Drones navales y la transformación de la guerra marítima

La experiencia ucraniana es vista por el Pentágono como una advertencia y una fuente de innovación. Desde el inicio de la invasión rusa a gran escala en 2022, Ucrania recurrió a la guerra asimétrica por no poseer una flota convencional. Con misiles y drones navales desarrollados localmente, logró infligir daños significativos a la marina rusa y forzar su repliegue desde Crimea hacia el puerto de Novorossiysk.

De acuerdo con Mattis, Kiev logró neutralizar cerca del 40% de la flota rusa en el Mar Negro, en un proceso que él describió como un “ciclo de innovación”: despliegue, reacción y contraofensiva.

Por ejemplo, Rusia respondió a los ataques de drones con mayor patrullaje aéreo, lo que llevó a Ucrania a equipar sus drones con misiles tierra-aire, logrando incluso derribar helicópteros y aviones enemigos.

Este nuevo campo de batalla demuestra que no hay un único recurso decisivo. La clave es la capacidad de adaptación rápida. En ese sentido, los ejercicios estadounidenses buscan reproducir el tipo de presión que obliga a pensar en tiempo real, con escenarios no coreografiados y resultados abiertos.

Preparación frente a un futuro incierto

El enfoque de la Armada va más allá del contexto europeo. Estados Unidos busca replicar estos aprendizajes en otras regiones estratégicas como el Indo-Pacífico, donde las disputas territoriales y el ascenso de China como potencia naval aumentan el riesgo de conflicto. La incorporación de inteligencia artificial, sistemas autónomos y tecnologías emergentes forma parte de la estrategia para anticiparse a un tipo de guerra en evolución constante.

Aun sin estar enfrentando una amenaza existencial como la de Ucrania, el mando naval estadounidense reconoce que la preparación debe partir de escenarios realistas. Mattis lo resume así: “Cuando alguien te pone un arma en la cara y la opción es resolverlo o morir, la innovación deja de ser una elección”.

Estados Unidos, por ahora, no está en ese punto. Pero los entrenamientos actuales reflejan la conciencia de que podría estarlo en el futuro. Y en esa eventualidad, no basta con tener poder de fuego. Hay que saber adaptarlo, integrarlo y responder con agilidad a amenazas que, hasta hace poco, no formaban parte del manual de guerra convencional.

Te puede interesar: Las Armadas de EE.UU. y China despliegan simultáneamente sus portaaviones en aguas disputadas del Mar de China Meridional

Exit mobile version