Las últimas maniobras militares del Ejército Popular de Liberación (EPL) de China frente a Taiwán han dejado en evidencia, desde la perspectiva de Pekín, importantes debilidades estructurales en la defensa isleña. En este contexto, el liderazgo chino considera que la combinación de falencias estratégicas y dudas sobre la “voluntad de lucha” taiwanesa podría reducir la probabilidad de una intervención estadounidense directa en un escenario de conflicto abierto.
Desde la llegada al poder de Tsai Ing-wen en 2016 y su Partido Democrático Progresista (PPD), las relaciones a través del estrecho de Taiwán se han deteriorado de forma sostenida. El rechazo al principio de “Una sola China” y al Consenso de 1992 ha provocado una intensificación de la presión diplomática, económica y militar por parte de Pekín, que continúa considerando a Taiwán una provincia separatista.
Estados Unidos, por su parte, ha mantenido un creciente apoyo político y militar a Taiwán bajo el principio de “ambigüedad estratégica”, incrementando tránsitos navales en el estrecho, ventas de armamento y compromisos diplomáticos. No obstante, el margen de maniobra de Washington se ve condicionado por su cálculo sobre la preparación y determinación de Taipéi ante una eventual invasión.
Un reciente ejercicio estratégico llevado a cabo por centros de investigación taiwaneses, con la participación de figuras militares de alto perfil de Estados Unidos y Japón, simuló un conflicto entre el EPL y Taiwán en el año 2030. El resultado preliminar fue preocupante: el EPL logró tomar el control de islas periféricas como Penghu y Dongsha, imponer un bloqueo naval y ejecutar ciberataques a infraestructura crítica taiwanesa.
Según el análisis publicado por Lawrence Chung en el South China Morning Post, el simulacro expuso deficiencias en la respuesta militar, particularmente en el flanco oriental de la isla, así como en la cohesión social frente a un escenario de guerra.
La simulación incluyó la participación de Michael Mullen, Dennis Blair y Shigeru Iwasaki, entre otros altos mandos retirados. Los ejercicios confirmaron que Taiwán necesitaría resistir al menos dos o tres semanas antes de recibir refuerzos estadounidenses, una meta que solo podría alcanzarse con una sólida moral nacional y compromiso político sostenido.
Para las autoridades chinas, los resultados de este simulacro refuerzan la percepción de que la capacidad de resistencia de Taiwán es limitada, tanto en lo militar como en lo político. En consecuencia, consideran que esta percepción podría desalentar una respuesta inmediata de Estados Unidos ante una acción bélica directa.
En paralelo, las autoridades de defensa estadounidenses advierten que el grado de apoyo a Taiwán dependerá en gran parte de su voluntad de combatir. Si la población o el gobierno de la isla muestran signos de colapso moral, el respaldo internacional podría verse comprometido.
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