Estados Unidos y China acordaron una pausa de 90 días en la escalada de su guerra comercial, reduciendo sustancialmente los aranceles bilaterales y generando un efecto inmediato en los mercados financieros.
Durante una conferencia en la Casa Blanca, Trump afirmó que las autoridades chinas habían accedido a “abrir China” al comercio estadounidense, al tiempo que Washington redujo 115 puntos porcentuales en sus tasas arancelarias tras intensas negociaciones llevadas a cabo en Ginebra, donde, según el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ambas partes mostraron “gran respeto” y coincidieron en que “ninguna desea una disociación” económica.
El índice S&P 500 logró revertir completamente las pérdidas acumuladas desde abril, cuando Trump anunció su “Día de la Liberación” arancelaria, hoy, aquel anuncio, cargado de retórica combativa, ha quedado parcialmente desactivado con este nuevo enfoque más conciliador.
La medida pactada establece que los aranceles estadounidenses sobre productos chinos bajarán al 30%, mientras que China reducirá los suyos al 10%, pero, no obstante, se mantendrán los gravámenes adicionales vinculados al conflicto del fentanilo, así como los aranceles específicos sobre sectores estratégicos como el automotriz, el acero y el aluminio.
Desde el Ministerio de Comercio chino, la tregua fue valorada como un paso positivo para los productores y consumidores de ambas naciones y como una contribución a la estabilidad global. Según estimaciones recientes, en el contexto de la guerra comercial estaban en riesgo hasta 16 millones de empleos en China, mientras que EE. UU. enfrentaba presiones inflacionarias y problemas de abastecimiento.
El compromiso bilateral fue acompañado por un comunicado conjunto que llamó a mantener una relación basada en “apertura mutua, cooperación y respeto recíproco”.
Analistas como William Xin, del fondo Pu Jiang Investment Management, interpretaron el resultado como mucho más favorable de lo anticipado, destacando el cambio de expectativas en el mercado, donde, a nivel internacional, las bolsas europeas también reflejaron el alivio: el índice Dax alemán avanzó casi un 1%, el Cac 40 francés subió un 1,3%, mientras que el índice del dólar trepó un 1,2% frente a una canasta de monedas.
Por su parte, ING ajustó al alza su pronóstico de crecimiento para China, estimando un 4,7% anual gracias a la mejora en las expectativas de exportación hacia el mercado estadounidense.
Desde el ámbito académico, Wang Wen, director del Instituto Chongyang de Estudios Financieros en la Universidad Renmin, calificó el acuerdo como “un logro inesperado”, aunque advirtió que no soluciona los desequilibrios estructurales entre las dos principales economías del mundo, ni garantiza que se eviten futuras fricciones.
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