Créditos: Mike Corder/AP
En la actualidad, los cables submarinos son una pieza clave de la infraestructura crítica europea. Numerosos casos de sabotaje a estas instalaciones durante el 2024 y 2025 han expuesto la vulnerabilidad de los cables submarinos europeos, incentivando las acusaciones de operaciones encubiertas. Rusia y China han sido señalados mayormente como los posibles autores detrás de estos hechos, incrementando las hostilidades entre las potencias occidentales y las mencionadas naciones.
Los cables submarinos de comunicación transportan el 99 % del tráfico de internet entre continentes. Al mismo tiempo, los cables submarinos de electricidad son fundamentales para la seguridad energética, dado que interconectan mercados eléctricos y permiten trasladar a tierra la energía generada en parques renovables marinos. El sabotaje a los gasoductos Nord Stream en septiembre de 2022, en el contexto de la guerra de Rusia en Ucrania, fue una llamada de atención para Europa.
El incidente puso en evidencia la vulnerabilidad de la infraestructura submarina y destacó la necesidad urgente de reforzar las capacidades nacionales y regionales para proteger y reparar, de forma conjunta, estos activos críticos. En respuesta, la OTAN incrementó sus patrullajes marítimos, actividades de vigilancia y ejercicios destinados a resguardar la infraestructura submarina esencial. No obstante, numerosos reportes en los últimos meses sobre casos de sabotaje a cables submarinos, sugerirían que estas instalaciones no están completamente a salvo de acciones maliciosas con el objetivo de desestabilizar a Europa.
El 25 de diciembre de 2024, Finlandia reportó daños a cables que conectan con Estonia y Alemania, sospechando de un buque petrolero procedente de Rusia, parte de una “flota fantasma” utilizada para evadir sanciones. Al día siguiente, las autoridades finlandesas incautaron el navío Eagle S, que había partido del puerto ruso de Ust-Luga y cuya trayectoria coincidía con los cortes registrados. Un mes antes, en noviembre de 2024, se registraron daños en cables entre Lituania y Gotland, y entre Alemania y Finlandia. Las investigaciones apuntaron al carguero chino Yi Peng 3, que habría apagado su transpondedor y arrastrado anclas en zonas sensibles.
Estos no son casos aislados. Otros episodios similares se han producido en el Mar Báltico y en el Ártico, donde buques rusos como el Saami, el Melkart 5 y el Yagry han sido señalados por maniobras sospechosas en zonas donde cables submarinos fueron posteriormente hallados cortados o desplazados.
Aunque los gobiernos de Rusia y China han negado cualquier responsabilidad, diversos analistas de seguridad apuntan a una creciente campaña de guerra híbrida, en la que los ataques contra infraestructura crítica buscan debilitar a las democracias occidentales sin provocar una respuesta militar directa. Las acciones encajan dentro de una estrategia de zona gris que combina disuasión tecnológica, daño económico e intimidación geopolítica.
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