La designación del cardenal estadounidense Robert Francis Prevost, ahora León XIV, como nuevo líder de la Iglesia Católica, generó inmediatas reacciones entre los principales líderes políticos y organismos internacionales.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, utilizó su cuenta en X para ironizar: “I saw the smoke but I didn’t see the pope!” (Vi el humo, pero no vi al Papa). Minutos más tarde, a través de Truth Social, felicitó formalmente a Prevost, destacando el orgullo nacional que representa su nombramiento.
Desde la ONU, el portavoz adjunto de António Guterres, Farhan Haq, manifestó la intención del organismo de “trabajar con ilusión” junto al nuevo Papa, reafirmando el vínculo histórico entre el Vaticano y la diplomacia multilateral en temas de paz, desarrollo y derechos humanos.
Diversas voces europeas pusieron el foco en el papel moral y conciliador que esperan de León XIV. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, expresó su deseo de que este pontificado contribuya al fortalecimiento del diálogo y la promoción de los derechos humanos, en un contexto internacional de creciente fragmentación política y social.
La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, subrayó la necesidad urgente de liderazgos que promuevan la dignidad humana y la paz, mientras que el canciller alemán, Friedrich Merz, se mostró esperanzado en que el nuevo Papa aporte estabilidad espiritual en medio de una coyuntura marcada por tensiones geopolíticas e incertidumbre.
En América Latina, donde la Iglesia Católica conserva un peso simbólico y político relevante, el nombramiento fue leído desde una óptica cultural.
El presidente colombiano, Gustavo Petro, recordó que Prevost vivió durante cuatro décadas en Perú y posee ascendencia española y francesa, elementos que, según Petro, lo posicionan como un posible “gran líder de los pueblos migrantes del mundo”.
Desde el este europeo también llegaron mensajes significativos. El presidente polaco, Andrzej Duda, destacó los profundos vínculos históricos entre Polonia y el Vaticano, evocando la figura de Juan Pablo II como símbolo de la espiritualidad eslava en el papado.
Por su parte, el mandatario ucraniano Volodímir Zelenski adoptó un tono más político al expresar su esperanza de que León XIV “defienda el derecho internacional y condene la agresión militar de Rusia”, siendo esta mención explícita al conflicto ucraniano una expresión de deseo sobre el rol que se espera del nuevo pontífice en los grandes debates éticos y diplomáticos globales.
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