El buque ANSHUN II con las defensas "Yokohama" preparadas y las tuberías conectadas para recibir otro petrolero y trasvasar crudo ruso, a 20 millas de Ceuta, a 5 de marzo de 2023, en Ceuta (España). Créditos: Antonio Sempere/Europa Press
Las autoridades de Estonia incautaron el 10 de abril al buque petrolero KIWALA, vinculado a la denominada “flota fantasma” de Rusia, mientras navegaba cerca de sus aguas territoriales en el mar Báltico. El buque se dirigía al puerto ruso de Ust-Luga y operaba bajo bandera de Yibuti, aunque funcionarios de ese país negaron su registro oficial.
A bordo del KIWALA se encontraban 24 tripulantes, incluyendo un capitán de nacionalidad china y marineros presuntamente originarios de Mauritania. El jefe de la Junta de Policía y Guardia de Fronteras de Estonia, Veiko Kommusaar, confirmó que el petrolero está sujeto a sanciones internacionales y que Estonia ejerció su derecho a detener el buque para su inspección.
Lo cierto es que el mar Báltico, que gestiona aproximadamente el 15% del tráfico marítimo mundial con alrededor de 2.500 buques diarios, viene siendo testigo de un incremento en la presencia de la flota fantasma de Rusia. Estas embarcaciones, que eluden las sanciones occidentales impuestas a la industria petrolera rusa, a menudo son registradas bajo banderas de conveniencia y operadas por empresas ficticias, representando riesgos significativos para la seguridad marítima.
En este contexto, la flota fantasma rusa viene siendo objeto de atención internacional debido a sus prácticas destinadas a evadir sanciones. Estas incluyen la desactivación de sistemas de rastreo, transferencias de carga de barco a barco en alta mar y la utilización de documentación falsificada. Un ejemplo reciente es la incautación en marzo de 2025 del petrolero “Eventin” por parte de las autoridades alemanas. Este buque, que transportaba 100.000 toneladas de petróleo, sufrió una avería en su motor mientras navegaba desde el puerto ruso de Ust-Luga hacia Egipto, lo que llevó a su detención y posterior inspección.
Además de las acciones de Estonia, la OTAN y algunos países implementaron medidas para contrarrestar las amenazas asociadas con la flota fantasma. Alemania solicitó a las granjas eólicas de su costa norte la instalación de sistemas de radar avanzados para mejorar la vigilancia marítima y detectar embarcaciones no identificadas que puedan representar un riesgo para la seguridad. Mientras que Dinamarca anunció planes para adquirir una flota de nuevos buques y drones con el objetivo de proteger infraestructuras submarinas críticas.
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