Ukrainian soldiers with the 31st Separate Mechanized Brigade fire a 122-millimeter howitzer D-30 at a Russian target in the Donetsk region of eastern Ukraine, Feb. 20, 2024. Western sanctions haven’t worked and weapons from allies are running low. Pressure may build on Kyiv to seek a settlement, even from a weakened position. (Tyler Hicks/The New York Times)
La guerra entre Rusia y Ucrania alcanzó nuevos niveles de intensidad y, según reveló Financial Times, ambos bandos se preparan para entrar una fase crítica. Ante un cambio en la presidencia de Estados Unidos, y con la posibilidad de que el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca lleve a presiones para negociar con Moscú, las fuerzas ucranianas reforzaron su posición en el frente, especialmente en el este y el sur del país, donde los ataques rusos vienen ganado terreno rápidamente en los últimos meses.
En este contexto, la situación en la región de Kursk se perfila como un posible punto de inflexión. Ucrania lanzó una incursión sorpresa en agosto, tomando parte de este territorio y estableciendo un puesto de mando en la ciudad de Sudzha. Sin embargo, Rusia movilizó una fuerza de 50.000 soldados para retomar el control de la zona. Esta ofensiva incluyó a un contingente de 10.000 soldados norcoreanos que, según analistas de inteligencia occidental, podría inclinar la balanza a favor de Moscú. Un alto funcionario de seguridad señaló que la cantidad de soldados norcoreanos “no se puede despreciar”, resaltando la importancia de este refuerzo para las fuerzas rusas.
Los ataques rusos provocaron una crisis en las defensas ucranianas, especialmente en el este, donde las tropas de Kiev enfrentan escasez de personal y recursos. Un portavoz del ejército ucraniano declaró al Financial Times que la prioridad es fortalecer las defensas “particularmente en el sur y el este”, donde se anticipa una escalada de enfrentamientos en las próximas semanas.
Por su parte, el presidente ruso, Vladímir Putin, dejó entrever su disposición a negociar, aunque condicionando cualquier acuerdo a la aceptación de sus demandas, que incluyen el control completo sobre seis regiones ucranianas, además de Crimea. Pero, por el contrario, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, dejó en claro que no aceptará ningún acuerdo que no incluya la retirada total de Rusia del territorio ucraniano.
Con el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, se plantea un desafío estratégico para Ucrania. El magnate republicano prometió “poner fin a la guerra en 24 horas” y cuestionó la ayuda militar a Kiev, generando preocupación en Ucrania y otros países europeos sobre el futuro del apoyo occidental. Zelenski y su equipo consideran que resistir los avances rusos y lograr avances propios en el campo de batalla podrían convencer al nuevo presidente de Estados Unidos de mantener el apoyo a Ucrania.
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Fuente: Financial Times
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