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Esta pregunta sobre China, que muchos se hacen en el escenario internacional, es uno de los puntos centrales que se tiene en cuenta sobre el futuro por venir. Sea una guerra por la isla de Taiwán o con un estado de la región del Indo-Pacífico, Michael Beckley y Hal Brands, analizan para Foreign Policy que todos los caminos desembocarían en un conflicto con los Estados Unidos.
Para explicar ello, los autores ejemplifican este escenario con los últimos hechos que se han dado por parte de China, cómo es el aumento del instrumento militar, el almacenamiento de combustible y comida, también los eventos con actitudes coercitivas hacia Filipinas, Japón y la India.
De la vereda del frente, el director de la CIA, William Burns, ha dicho que Xi Jinping está trabajando sobre la capacidad de tomar Taiwán en 2027. Otros analistas creen que el riesgo de agresión china es exagerado, mientras que otros analistas afirman que el peligro puede controlarse siempre que Washington no provoque a Pekín, o también alegan que por problemas internos del gigante asiático un escenario conflicto nunca pasará.
Pero, por sobre todo, los analistas argumentan que las circunstancias de China están cambiando, y esto se debe a cuatro factores que cambian la intención de combatir del país en mayor o menor medida. Si se tienen en cuenta estos factores, China estaría dejando entrever su forma agresiva.
En un principio, las disputas territoriales y otros problemas que enfrenta China son ahora menos propensos a encontrar un acuerdo o resolución pacífica que en el pasado, transformando la diplomacia exterior en un escenario de ganancia y pérdida. En segundo lugar, la dinámica del poder militar en Asia está evolucionando de manera que Beijing podría tener una perspectiva riesgosamente positiva sobre el desenlace de un conflicto.
En tercer lugar, conforme las posibilidades militares de China mejoran en el corto plazo, se vuelven más sombrías sus perspectivas a largo plazo tanto en términos estratégicos como económicos. Por último, Xi Jinping ha transformado a China en un régimen dictatorial personalista, un tipo de gobierno especialmente inclinado a cometer errores de cálculo graves y participar en conflictos bélicos onerosos.
La ausencia de una guerra por muchos años, ha puesto a China en posición pacífica, sin embargo, esto no significa una falta de agresividad, ya que se ha visto cómo Beijing ha usado sus capacidades militares y paramilitares para atacar en los mares del Sur y del Este de China. O también es el caso de la India o Taiwán.
Estos cuatro factores (fronteras seguras, equilibrio militar competitivo, expectativas negativas y dictadura) ayudan a explicar el uso histórico de la fuerza por parte de China, y tienen implicaciones negativas en la actualidad.
Hoy China ya no se esconde, resaltan los autores tras desglosar la historia del gigante asiático que nació rodeado de conflictos. En su lugar, está fabricando buques de guerra y más misiles que ningún otro país desde la Segunda Guerra Mundial. Mientras que aviones, cazas y buques de guerra simulan ataques contra objetivos taiwaneses y estadounidenses.
Las rutas marítimas asiáticas están repletas de presencia China que van desde buques militares, guardacostas y pesqueros que expulsan a los estados asiáticos de las zonas reclamadas por Pekín. En ese mismo marco, China no ha condenado la invasión de Ucrania por parte de Rusia y concentra fuerzas en la frontera chino-india.
Las razones de ello se deben a su presupuesto multiplicado por diez entre 1990 y 2020. “Una de las razones por las que China se ha vuelto más combativa es porque puede.” citan los autores. Pekín gasta ahora más que todos los demás países asiáticos juntos.
Posee la mayor fuerza de misiles balísticos y la mayor armada del mundo. Subrayan que ya no está claro que el Pentágono puede responder inmediatamente a un asalto chino contra Taiwán, y mucho menos derrotarlo.
A medida que las disputas territoriales se intensifican, China enfrenta crecientes motivos para la guerra. La posibilidad de una reunificación pacífica con Taiwán está disminuyendo rápidamente, ya que la identidad taiwanesa se fortalece y el apoyo a la independencia crece. Además, la relación entre Estados Unidos y Taiwán se ha fortalecido, con el presidente Biden declarando el compromiso de defender la isla ante un posible ataque chino. Beijing se muestra cada vez más preocupado por el destino de este territorio que ansía.
La presencia militar de China en el Mar del Sur de China ha experimentado un aumento, pero al mismo tiempo, su posición diplomática se está debilitando. En 2016, el Tribunal Permanente de Arbitraje en La Haya invalidó las pretensiones expansivas de China en esa región. Desde 2022, Filipinas ha reafirmado sus derechos marítimos y ha autorizado el acceso de Estados Unidos a bases militares adicionales en su territorio. Japón está estableciendo una especie de alianza con Manila, y varias naciones, incluyendo el Reino Unido, Francia y Alemania, están enviando buques de guerra al Mar del Sur de China desafiando las afirmaciones de Beijing.
A eso último se le suma un entorno estratégico más hostil confeccionado por restricciones comerciales y de inversión, proliferación de los pactos como AUKUS, el Diálogo Cuadrilateral de Seguridad y el acuerdo trilateral entre Estados Unidos, Japón y Corea del Sur.
Por otro lado, el análisis nombra a China como una dictadura de Xi Jinping, por el auto nombramiento como presidente vitalicio, y quien ha adoptado posturas inflexibles sobre las reivindicaciones territoriales de gigante asiático. En esa línea, en los últimos discursos, Xi ha instruido al ejército de estar preparados para la guerra y al pueblo de estar preparado para escenarios extremos.
Para concluir, los analistas señalan que no se puede saber cuándo China impondrá una guerra y si lo hará o no. China puede acabar atacando Taiwán – o India, Japón, Filipinas u otro país – en 2025, 2027, 2029 o nunca. No se puede predecir con certeza cuándo, o incluso si, Pekín utilizará la fuerza porque esa decisión depende de muchos factores contingentes, subrayan los analistas.
No obstante, sí sugieren que Estados Unidos y los aliados deben actuar con cautela, evitando acciones llamativas que aumenten la ansiedad china, rechace abandonar la política de “una sola China” y se oponga a cualquier declaración o acción independiente de Taiwán.
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Me parece qué el único en este momento que está cometiendo errores de cálculo es E.U.A.. Quién cada vez se involucra en más conflictos a los cuales no le será fácil salir indemne. Un eventual retiro de apoyo para con Ucrania (lo que provocaría un fuerte simbronazo en la OTAN), la posible escalada del conflicto Israelí sumado a las batallas en el mar Rojo me resultan peores que agarrarse a palos con los indios o acosar a Taiwán o Filipinas.
Occidente está obligado a jugar duro contra China, y Rusia...
La entente totalitaria absolutista quiere a toda costa convertirse en los matachines del barrio, y eso no se puede permitir.
Los chinos de hoy se parecen mucho a los japoneses de ayer, y si le sumamos a la eterna ambición rusa de apoderarse de toda la franja territorial que va de Vladivostok hasta Noruega, entonces hay que pagarle el macho a estos gamberros malandrines....